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NORBERTO HORTAL MARCOS

UN SENTIDO ADIÓS A NUESTRO COMPAÑERO

NORBERTO HORTAL MARCOS

         Estimados compañeros:

         Con dolor, con mucha tristeza y con un profundo pesar contenido, me apresuro a comunicar a nuestro colectivo colegial la pérdida de nuestro compañero NORBERTO HORTAL MARCOS, con el que he tenido el honor y el privilegio de compartir el despacho durante más de tres décadas. Perdonarme, aunque solo sea por ese dato tan extraordinario de vida profesional vinculada, que me tome la licencia de compartir con vosotros algunas de las virtudes, de las muchas que tenía, que nos pueda servir de referencia para rememorar su convivencia, sobre todo valorando su condición personal, de la que yo tanto he contrastado, que está muy por encima de su grandeza profesional, donde también ha sido un buen referente.

         Norberto llega a Martos en el año 1983, viene de su pueblo natal Guadix (Granada). Lo hace para ocupar plaza como Juez sustituto en el entonces Juzgado de Distrito de Martos, donde ejerció durante varios años. Posteriormente, cuando desaparecen estos Juzgados por la entrada en vigor de la Ley Orgánica del Poder Judicial, con implantación progresiva, tuvo plaza como Juez sustituto ya de primera instancia e instrucción, tanto en Martos, como en la Carolina y en Antequera. Cuando finaliza su labor en la judicatura en este último destino es cuando se incorpora a mi despacho colegiándose el día 15 de febrero de 1993, teniendo el número 1.469 de colegiado. Desde entonces, sin ninguna interrupción ni ocupación complementaria, a plena dedicación, hemos estado compartiendo las tareas del despacho hasta la fecha de su jubilación en enero del 2024.

         Expuestas las escuetas referencias a la trayectoria profesional del compañero Norberto, voy a pasar a lo que verdaderamente me importa reseñar en este escrito de adiós, en concreto, los aspectos dominantes de su personalidad, tanto en la relación con los compañeros como en la que personalmente he vivido con él. Cualquier compañero que haya tenido trato profesional con Norberto habrá podido comprobar que en él dominaba una condición por encima de todas las demás: la de ser buena persona. Esta se evidenciaba, primero, en sus formas respetuosas, en su modestia, en su docilidad en las posturas, en un trato inmejorable. Pero, en segundo lugar, no menos importante, habrá apreciado la humanidad que derrochaba, entendiendo por este término la capacidad que él tenía para sensibilizarse, comprender y mostrar compasión por los demás. Era un portento en este campo, llamaba la atención de cualquiera hasta el punto de que, sin duda alguna, esa humanidad, acompañada de una sana solidaridad, llegaba a definirlo. Todo el que lo conocía, como continuación a mencionar su nombre, como si no pudiese terminar la frase sin decirlo, cuando me preguntaban por mi compañero me decían “Antonio ¿cómo está Norberto?” yo le contestaba, y el interlocutor, como si no pudiese cerrar la conversación sin decirlo, exclamaba a continuación: “¡Que buena persona Norberto!” Se había ganado, con su talante, forma de ser y humanidad, que fuese muy difícil mencionarlo sin proclamar su bondad. Así era el compañero al que despedimos.

         Yo, en lo personal, he tenido el honor y privilegio de disfrutar de todo cuanto he expuesto durante más de treinta años. He sido un afortunado teniéndolo a mi lado a Norberto, no se sostiene una relación tan dilatada, y mucho menos en una profesión como la nuestra, si no se tiene la suerte de que quien te acompañe esté lleno de las virtudes que de Norberto he destacado. Éramos muy distintos en el día a día, incluso en aficiones, ideología y otras dedicaciones más banales del devenir diario, nunca hemos compartido pasatiempos, ni salidas, ni tareas de ocio fuera del despacho. En la actividad particular éramos dos mundos totalmente distintos, lo que aún hace más difícil de entender nuestra larga vida profesional juntos. Para encontrar la explicación tenemos que volver a recurrir a las virtudes de Norberto como artífice de longevidad en nuestra relación. No me importa reconocer que en él recae todo el mérito. Si la vida te pone a un Norberto en tu camino créeme que toda va a ser más fácil, si de compartir momentos se trata.   

         Adiós amigo Norberto, como he conocido tus creencias, tu esperanza y tus ruegos, desde lo más profundo de mis sentimientos te deseo que descanses en paz, que Dios te tenga en su gloria sabiendo que aquí, en esta vida terrenal, tu nombre siempre irá acompañado de la exclamación ¡Que buena persona era Norberto! Yo procuraré, con todos los medios que estén a mi alcance, superando mis defectos, venerar y hacer venerar tu memoria.

ANTONIO MARTÍNEZ AGUILERA

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